¿Alguna vez les reenviaron una imagen o un video que se veía muy real, pero les despertó dudas? ¿Sería verdadero o no? ¿Estaría generado con IA? Hoy la inteligencia artificial generativa facilita la producción de imágenes, audios o videos manipulados, conocidos como deepfakes, que imitan voces y rostros de manera muy realista para mostrar hechos que nunca ocurrieron. Una consecuencia preocupante de esto es la circulación de desinformación y noticias falsas que puedan resultar muy creíbles.
Detectar si un contenido fue creado con IAG se vuelve cada vez más desafiante. A medida que las aplicaciones se perfeccionan, sus producciones pueden ser más difíciles de distinguir de las realizadas por seres humanos. Aunque existen herramientas que pueden ayudarnos a detectar videos, imágenes y audios falsos, no son totalmente confiables.
Los desafíos de la desinformación no se resuelven con más tecnología. La mirada crítica y reflexiva de las personas es irremplazable. Como familias, podemos acompañar a chicos y chicas a evaluar qué compartir, para evitar difundir contenidos dudosos. También, a ser responsables cuando crean contenidos: imágenes, videos o mensajes falsos, aunque sean bromas, pueden herir, confundir o tener consecuencias inesperadas.
La desinformación es la creación y difusión intencional de información falsa o manipulada para influir en otras personas, confundirlas o causar daño. Una forma común son las noticias falsas, que se presentan como si fueran verdaderas, pero están inventadas o mezclan datos reales con falsedades.
Este fenómeno no solo confunde a las personas, también puede dividir a la sociedad y generar desconfianza en los medios o las instituciones. Una sociedad democrática necesita información confiable que permita debatir, opinar y decidir con fundamento.