Cuando hablamos de inteligencia artificial nos referimos a tecnologías que buscan imitar la inteligencia humana. Sistemas que hacen que nuestros dispositivos (computadoras, teléfonos, GPS) realicen tareas que solemos hacer las personas: reconocer una voz, recomendar una película, responder preguntas, sugerir una ruta o traducir un texto. La IA analiza e interpreta grandes cantidades de datos para ofrecer respuestas rápidamente.
¿Cómo funciona? Se entrena a partir de ejemplos: primero se le muestran muchos datos (textos, imágenes y audios), después, busca patrones en esos datos, es decir, aspectos que se repiten. Cuando ya “aprendió”, puede usar esos patrones para elaborar respuestas, por ejemplo: crear una imagen de acuerdo a una serie de instrucciones, resumir un texto o dar aviso de probables eventos climáticos.
La IA tiene mucho potencial para la creatividad y el aprendizaje, pero también exige cuidado: muchas aplicaciones no están pensadas para edades tempranas y pueden usar datos personales de forma poco clara. Por eso es clave acompañar a chicos y chicas para que la aprovechen de manera segura y responsable
Las aplicaciones con las que podemos “conversar”, para pedir que generen textos, imágenes o sonidos (como ChatGPT, Gemini o Copilot) usan IA generativa. Esto significa que producen contenido nuevo a partir de los pedidos o instrucciones (prompts) que les damos y toda la información de la que disponen.
¿Qué aplicaciones, juegos o dispositivos que usamos en casa o en familia funcionan con IA? ¿Para qué nos sirven en cada caso?