No necesariamente. Ya sea para escribir un poema, componer una canción o ilustrar una historia, las aplicaciones de inteligencia artificial generativa (IAG) pueden ser aliadas en distintos momentos del proceso creativo: sugerir, conectar u organizar ideas, generar nuevos contenidos o realizar correcciones.
Para que la IAG potencie nuestras habilidades creativas, es clave que complemente nuestra mirada sin reemplazarla. Mantener el timón del proceso implica definir el rumbo, revisar, combinar y enriquecer el aporte de estas herramientas. En el camino, vale también preguntarse qué tareas creemos conveniente compartir o delegar y cuáles preferimos preservar.
Algunos autores dicen que crear con IA invita a bailar un vals: un ida y vuelta constante en el que guiamos, probamos pasos, creamos y corregimos para construir algo con sentido propio (Tarasow, Milillo, González y Chamorro, 2024). Así, intercambiamos de manera reflexiva con la tecnología y aprendemos en el proceso. ¿Acompañamos a los chicos y chicas a bailar?
¿Qué pasa con la autoría? El uso consciente de la IAG en la creación abre preguntas sobre autoría, originalidad y ética. ¿Quién es el autor de una obra creada con apoyo de IAG? ¿La IA, las personas que usan las aplicaciones, quienes las programaron, los artistas con cuyos trabajos se entrenó a la IA para generar contenidos? ¿Es necesario informar que usamos estas herramientas para crear? ¿Cómo lo comunicamos?
Luego de probar algunas creaciones con IA, pueden dialogar acerca de qué aportaron las herramientas y qué aportaron ustedes, durante el proceso. ¿Cómo podemos pensar la autoría en estos casos?